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La geopolítica del Katrina (primera parte)

La Torre de Babel y “la Imagen” de Estados Unidos

Al Qaeda ha alistado al huracán como “la hermana Katrina”, enviada por Alá para destruir las ciudades norteamericanas. Pero no sólo el enemigo: hasta los intelectuales y los académicos de América llegaron al morboso extremo de considerar a las víctimas de Nueva Orleáns y la Costa como “gente que sacrificaron sus vidas para eliminar al gobierno de Washington”.

La tragedia que deja el huracán asesino en Luisiana y Misisipi producirá más palabras que inunden los debates en los Estados Unidos que el agua que inundó la capital del jazz. Pero mientras que el ejército norteamericano y el cuerpo de ingenieros repararán la brecha y bombearán el agua, la cacofonía política por los muertos, los heridos y las destrucciones es desgraciadamente interminable. En momentos como estos, cuando los humanos se topan con la madre naturaleza al desnudo, se pone a prueba la habilidad de la sociedad para absorber las crisis. Y mientras observo las feroces acusaciones que se elevan desde todos los bandos de la política, no puedo sino ofrecer estas observaciones sobre simplificadas. Déjeme resumirlo en lo que los estudiantes de licenciatura llamarían ¿cuál es la cuestión a investigación? En palabras del hombre corriente: ¿de qué estamos hablando aquí?

Plantear una cuestión acerca de las cuestiones está garantizado, porque mientras que la tormenta física ya ha pasado, las mentales crecen sin límites. La gente corriente, aquellos que normalmente sólo escuchan - por no mencionar a los refugiados miserables, los hospitalizados, los huérfanos y todos los demás con dolor - todos ellos prestan atención a los políticos de los diversos niveles del Gobierno y los candidatos dispuestos a reemplazarlos, así como a los medios, irritando en todas las decisiones. Se está construyendo una gran Torre de Babel: gente hablando acerca de muchas cosas al mismo tiempo, en distintos lenguajes mentales. De ahí proceden las tormentas causadas por el Pentágono, bajo cuya autoridad actúa la FEMA. Una gran conmoción se ha instalado para quedarse. Y para complicar las vidas de aquellos que perdieron la mayor parte de ella, son obligados a escuchar conferencias a ultramar acerca de cómo deberían vivir sus vidas los americanos y construir sus diques, procedentes tanto de amigos como de enemigos.

Como colofón, el enemigo está disfrutando de la escena: al Qaeda ha alistado al huracán como “la hermana Katrina”, enviada por Alá para destruir las ciudades norteamericanas. Pero no sólo el enemigo: hasta los intelectuales y los académicos de América llegaron al morboso extremo de considerar a las víctimas de Nueva Orleáns y la Costa como “gente que sacrificaron sus vidas para eliminar al gobierno de Washington:” (Una cita real que desvelaré más adelante) Volveremos a los que abusan de las catástrofes naturales para causar mayor perjuicio a la sociedad superviviente. No se marcharán de rositas. Pero ahora, comencemos el interrogatorio y la reflexión del desastre.  

La imagen de los Estados Unidos

Muchos entre los comentaristas, especialmente los del lado superficial de este tema, están extremadamente preocupados por la presunta imagen de América. “¿Qué va a pensar el mundo de nosotros después de ver estas horribles imágenes en sus televisores?” Un momento: cuál es la relevancia de esta preocupación de estilo burgués. Estamos afrontando una tragedia causada por una fuerza natural que no responde al derecho internacional o a la imagen pública. El Katrina ni es una institución política, ni nació en suelo norteamericano. Es un enorme ente de agua impulsado por vientos de creación atmosférica, iniciado en la Costa Oeste de África y que golpea en la costa meridional de Estados Unidos. No veo su dimensión constitucional, como tampoco la contribución de los intelectuales a su creación. El Katrina es clima, no legislación; es un fenómeno natural de al menos 4 billones de años de antigüedad que no nació en Faluya el año pasado. No va de la credibilidad política de Estados Unidos tanto como de la madurez de la comunidad internacional a la hora de tratar con dramas planetarios. Praga sufrió inundaciones, igual que Francia y Alemania; pero afortunadamente para ellos, no se encontraban ubicados en el destino final de las tormentas tropicales. A los europeos les encanta veranear en lugares cálidos, pero muchos de entre sus escritores se pierden la otra dimensión de los lugares soleados. En el Caribe, las tormentas matan habitantes, incluso en la democracia más poderosa de la tierra. Sí, los americanos son humanos, incluso aunque Hollywood les haya convertido en semidioses. Los americanos mueren, son heridos y lloran como cualquier otro ejemplar humano. No hay necesidad de compasión procedente de editorialistas y bloggers que, como cuervos a la espera de malas noticias, atacan a Norteamérica cuando sangra.

Acusan a este país de tener sus helicópteros a ultramar cuando sus ciudadanos mueren en la inundación. Al menos, los helicópteros y los hombres y mujeres de servicio de América no están entreteniendo a los de los Club Mediterranée del mundo, o desfilando exclusivamente en la fiesta nacional. El ejército norteamericano estuvo ayudando las víctimas del Tsunami en el Sur de Asia mientras el mundo miraba y lloriqueaba, y protege a los votantes de Afganistán e Irak mientras las élites internacionales esquían en los Alpes.

Sí, los civiles estadounidenses que murieron en Luisiana y Misisipi deberían ser venerados por el mundo, porque sus hijos e hijas se encontraban en campos de batalla para defender la libertad y la seguridad del mundo. E incluso si el ejército entero hubiera estado desplegado dentro de Estados Unidos a finales de agosto, la naturaleza ha determinado su curso sin que nada importe. Allá por 1992, mientras el Andrew mataba en el sur de Florida, no había Guerra contra el Terror ni construcción democrática en Irak, y toda la Guardia Nacional se encontraba en casa, pero la voluntad de Dios tuvo lugar de todos modos. Cuando la gente muere y la humanidad es confrontada por un orden de creación superior, no existe imagen por la que preocuparse. Un huracán letal no mata “americanos”, mata a seres humanos que sucede que residen en estas costas. Un giro de la naturaleza, y el Katrina habría podido arrasar Cuba, aplastado en Yucatán o desmantelado las refinerías petroleras de Hugo Chávez. Cuando la madre naturaleza golpea en una ciudad o en un país, golpea nuestra precaria humanidad, no a una nación o a una bandera particular. Por lo tanto, si va a haber imagen, América siempre tuvo la mejor en asistencia humanitaria. En Banda Aceh, el pasado mes de enero, no hemos visto aviones rusos o chinos ni tampoco hemos visto barcos venezolanos o cubanos, rescatando a las víctimas del Tsunami. No recordamos que la Guardia Nacional Saudí se descolgara sobre la isla musulmana, o que los iraníes enviasen a sus fuerzas especiales.

Cuando Turquía sufrió un terremoto, hasta Grecia envió lo mejor. Los turcos respondieron con amabilidad cuando su vecino fue golpeado. Cuando Irán fue devastado por corrimientos subterráneos, fueron los infieles los que se presentaron con el apoyo más extenso. Tan pronto como la República Checa experimentaba sus inundaciones, la Unión Europea corrió a ayudar. Cuando un submarino ruso se quedó atrapado, británicos y norteamericanos enviaron su mejor tecnología. Todas las naciones tienen problemas políticos mutuos, pero cuando los cataclismos naturales tienen lugar, los países deberían unirse, no dar conferencias acerca de la imagen de las víctimas.

Por: Profesor Dr. Walid Phares