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AL CAER LA SOMBRA.
OH Líbano.

 Salma Rezk

Tu ancestral complejidad merecería un fiel entendimiento de esta voz alzada por tus muchedumbres, flameando por fin la bandera de tu libertad. Tus manifestantes, los que están a favor o en contra de los múltiples ocupantes de tu territorio, manifestaron por unanimidad la ira divina de tu pueblo, silenciado durante decenas de años por la peor de las represiones, la guerra de la ocupación.
Por fin, el mundo se despertó contigo de su apática indiferencia, frente a este levantado grito de Basta, escuchando tu gruñido de dignidad golpeada, reconociendo que tu autodeterminación asfixiada y tus sueños ahogados, fueron el tamiz de este oscuro y siniestro atentado que apuntaba sólo a tu integridad nacional. Sus actores fueron, sin duda, enceguecidos por intenciones primarias, al no medir las evidentes consecuencias de este crimen de lesa humanidad, provocando sin quererlo, justamente lo contrario a lo previsto, la reconstrucción del sentimiento de unidad nacional, tan indestructible como el natural deseo de sobrevivir bajo el emblema de la voluntad de SER.

Oh Líbano ! El símbolo de tu autonomía sepultado en cada uno de nosotros, libaneses de intramuros como de ultramar, resurgió desde muy lejos para así intentar volver a cuestionar aquéllos que pretendieron suspender nuestro legítimo devenir, sin haber podido preveer el porvenir por nosotros mismos, a causa de nuestra legendaria tolerancia y hospitalidad sin límites. Finalmente, comprendimos que es preferible hacer un auténtico mea culpa interno, que seguir acusando o pidiendo permiso para tener derecho de vivir simplemente con lo nuestro.
El sentido profundo de aquéllos que han dado su sangre a la Patria, se cumplió ampliamente, porque un gran  hombre muere, pero su espíritu se despierta en cada uno de sus compatriotas, multiplicándose infinitamente. Así se construyen los símbolos, Riad El Solh dio lugar a Rafik Hariri, construyendo para siempre la Plaza de la Independencia y la Plaza de los Mártires, representando indudablemente para todos el símbolo de nuestra
libertad.

Los unos se marcharon hacia una y los otros hacia la otra, pero no comprendieron a tiempo que estaban yendo juntos hacia el mismo objetivo, ocupando el mismo lugar, el de su liberación, buscando el diálogo más allá de sus diferencias. Es un buen milagro.
Cómo atrevernos a juzgar aquéllos que necesitaron exorcizar sus muertos para afirmarse una vez por todas, mostrando su derecho a expresarse. Cómo podremos criticar aquéllos que buscaron borrar para siempre sus sentimientos de marginalidad, demostrando así legítimidad, con su presencia bajo los colores nacionales. En ambas multitudes, la prioridad fue la expresión de la búsqueda de identidad, como también, el andar necesario hacia la defensa de la soberanía de nuestra nación. Poco importa la dinámica de las motivaciones de los hechos violentos o el desencuentro de las ideas, pero tarde o temprano, el resultado será naturalmente la integración y la unificación de un pueblo orgulloso de sí mismo, vibrando juntos al unísono por su Patria. Éste es el desafío y el deseo de esta necesaria metamorfosis social,  incipientemente instalada en el Líbano.

La apuesta ahora, consiste en poner en juego nuestra comprensión del verdadero sentido de esta sombra que se precipita nuevamente como pesadilla, despertando tanto nuestros fantasmas de guerra, como el pánico de este sinfín de crímenes y  locura colectiva, que podrían llevarnos, una vez más, al siniestro túnel del desgarro, de la frustración y del resentimiento. Sin embargo, nuestra luz de esperanza, consistirá en saber despejar a tiempo esa tenebrosa nube, al destruír las barreras y no las fronteras religiosas, ideológicas o partidarias. Alto al fomento del choque de civilizaciones, que cristaliza las diferencias en lugar de respetarlas, creando integrismo y no integración, estimulando fanatismo en vez de unidad, potenciando de esta manera el cobarde
trabajo subversivo del terror, sumando a ello, la pretensión de inhibir el noble coraje del milenaria guerrero.

Oh Líbano, el sólo despertar de tu pueblo reinstala la esperanza, poniendo de pie a tus enfermos, devolviendo la realidad a tus locos, y haciendo accionar en cadena a tus compatriotas, transformándolos en portadores de tu mensaje de convivencia intercomunitaria, como del modelo de tu sociedad multiforme, mundializada por ella misma, siguiendo sus propias leyes naturales. De esta manera, podremos reintegrarte a tu verdad, en tanto y en cuanto lo que advenga, sólo logre provocar el deseo de la pacificación regional, favoreciendo de esta manera sus implicancias mundiales. Que así sea.

Oh Líbano, hermano mayor de la humanidad. Salud !

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