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Se Requiere Una Solución Musulmana

Por: Thomas L. Friedman, The New York Times
NUEVA YORK.- Los atentados de ayer en Londres son profundamente perturbadores. En parte, porque podrían haber sido obra de un terrorista suicida. Eso sería sumamente angustiante, porque las sociedades abiertas dependen de la confianza, de confiar en que la persona sentada a nuestro lado en el micro o en el subte no lleve dinamita entre sus ropas.

Los atentados también generan un alto grado de preocupación, porque cuando los terroristas suicidas de la jihad trasladan su locura al corazón de nuestras sociedades abiertas, éstas nunca vuelven a ser tan abiertas. Ayer todos perdimos algo de libertad.

Pero quizás el aspecto más importante sea éste: cuando los atentados al estilo de la jihad ocurren en Riad, se trata de un problema puramente musulmán. Pero cuando los atentados al estilo de Al-Qaeda se producen en la red de subterráneos de Londres, eso se convierte en un problema de civilizaciones. Cada musulmán que vive en la sociedad occidental de pronto se convierte en sospechoso. Y entonces los países occidentales pueden caer en la tentación de tomar medidas contra sus propias comunidades musulmanas.
Eso también es profundamente perturbador. Cuanto más miren con sospecha a sus propios musulmanes las sociedades occidentales, tanto más tensiones internas creará eso.
Debemos hacer todo lo posible para limitar la onda expansiva que afecte la civilización. Pero no será fácil, porque no existe un objetivo claro y preciso contra el cual tomar represalias. La amenaza de Al-Qaeda se ha ramificado. Ya no es vertical, algo a lo que podamos asestar un impacto directo. Ahora es horizontal y ampliamente diseminado, y opera a través de diminutas células. Entonces, o el mundo musulmán comienza a inhibir y denunciar a sus propios extremistas, u Occidente lo hará por ellos. Y lo hará rudamente, expulsándolos, negándoles visas y haciendo que en su comunidad occidental todo musulmán sea considerado culpable hasta que demuestre su inocencia.

Puesto que eso sería una calamidad, es esencial que el mundo musulmán se dé cuenta de que tiene un culto a la muerte de corte "jihadista" en su seno. Si no combate ese cáncer dentro de su propio cuerpo político, infectará las relaciones entre musulmanes y occidentales. Sólo el mundo musulmán puede erradicar ese culto a la muerte.
Para eso, se necesita una aldea. La mayor barrera para el comportamiento humano nunca es un policía, sino lo que una cultura y una religión consideran vergonzoso. Es lo que la aldea y sus ancianos religiosos y políticos dicen que está mal. Cuando los palestinos llegaron a la conclusión de que declarar un cese del fuego con Israel beneficiaba sus propios intereses, los atentados suicidas se interrumpieron en seco. La aldea dijo basta.
La aldea musulmana abandonó la práctica de condenar la locura de los atentados "jihadistas". Hasta este momento -este preciso momento- ningún importante clérigo o grupo religioso musulmán implantó alguna vez una fatwa que condene a Osama ben Laden.

Pero algunos líderes musulmanes asumieron ese desafío. Esta semana, en Jordania, el rey Abdullah II fue el anfitrión de una impresionante conferencia en Amman para pensadores y clérigos musulmanes que quieren recuperar su fe. Pero esto tiene que extenderse.

Los micros de Londres y los subterráneos de París, así como las ferias de Riad, Bali, El Cairo, nunca estarán seguros mientras la aldea y los ancianos musulmanes no emprendan la tarea de quitar legitimidad, condenar y aislar de su seno a los extremistas.

Traduccion: Luis Hugo Pressenda